La relación del títere y su manipulador, así como su inscripción en el tiempo y en el espacio de la representación, son susceptibles de comportarse como otros tantos focos de irradiación para el imaginario.
Que el Teatro de Títeres deje de contentarse con ser la demostración de una destreza de una técnica al servicio de una ilusión espectacular sino que verdaderamente ponga en juego lo vivo y lo artificial, el develamiento de lo real por la imagen, así como el de la figura por el cuerpo.
El teatro solo tiene validez como materialización de procesos vivos, gestos o palabras no congelados por su mediatización, sino circulando de un cuerpo a otro, compartiendo un mismo tiempo y un mismo espacio.
Diddier Plassard